La auténtica virtud surge del amor que Dios ha tenido por nosotros y que ahora podemos comenzar a expresarle.
La fe, la esperanza y el amor son virtudes que Dios regala a sus hijos. Nuestra capacidad de confiar en Él nos convierte en verdaderos hijos, ya que solo los hijos han conocido al Padre y, por lo tanto, tenemos la capacidad de descansar en su palabra.
Es un deleite, es una paz inexplicable lo que invade la vida de aquellos que creen en Dios. Decidir esperar en el Espíritu Santo te hace fuerte en tus sentimientos y emociones, y esta es la virtud que te diferencia del resto. Incluso cuando parece que tu mundo se desmorona, tu fe en Jesús se vuelve indestructible. Aquellos que no se dejan llevar por lo que les grita el mundo, sino que se mantienen en la palabra de Dios, son virtuosos.
No pierdas la esperanza en el Señor, mantén la meta a la vista, aunque el camino parezca imposible y aunque no haya señales de una salida, en algún momento Dios obrará. Guarda en tu corazón el amor, porque es por el amor que tengas en Dios que permanecerás sin abandonar el propósito para el cual fuiste llamado y sacado de las tinieblas a la luz. Fortalécete en la fe, lee la palabra del Señor cada día y no dudes en nada de lo que te ha dicho, porque Dios no miente. Él cumple sus promesas y guarda el pacto que hizo contigo y con tus padres.

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